
Mantiene Tamerza una pequeña población que cuida el pequeño poblado situado al lado del arroyo, salpicado de jardines y grupos de palmeras y con unas vistas excepcionales sobre su desolado entorno en donde se incrustan trabajosamente pequeños espacios cultivados con esfuerzos infinitos.


Un inmenso lago de sal En otra de las zonas cercanas a Tozeur, otro fenómeno natural constituye motivo de excursión y admiración ante su grandiosidad difícilmente imaginable.
Tamerza, es sobradamente conocido por su cascada y por la parada de los grupos organizados que viajan a bordo de los jeeps. No se pasa mucho rato hasta que una ola de todoterrenos inunda el oasis de alemanes, franceses y rusos.
El sol aún no brillaba en el oasis, unas altas montañas lo impedían, por ello y por el gran número de turistas que se había congregado determinamos retomar parte del camino ya hecho y conocer el oasis de Mides.
A éste no han llegado los tours, por lo que su visita es relajada. Tampoco hay muchísimo que descubrir, es un pueblo semiderruido y abandonado encima de un gran cañón seco y que le da su característica de inexpugnable. Un bonito palmeral y los souvenirs, rosas del desierto, turbantes, pequeños camellos de madera,...



En escasos minutos alcanzamos la cascada, perfecto no hay turistas, ni los vendedores nos molestan con sus propuestas. El agua está fría, qué delicioso ha de ser en verano un baño bajo este chorro. De por si, el lugar no da muchas opciones donde perder el tiempo, a no ser que se quiera iniciar un proceso de compra de recuerdos.
No se podría olvidar, al propio tiempo, la inevitable cabalgada por el desierto encaramado en la giba de pacientes dromedarios que, desde la concentración que se produce siempre en Degache, transportan pacientemente a los turistas que desean experimentar la peculiar sensación del balanceo que constituye el cansino caminar de unos animales para los que el desierto no tiene secretos y desde los que se siente una especial sensación de agradable reencuentro con el pasado.


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