
Llegar a este pequeño pueblo no es fácil a menos que se vaya con un grupo que incluya la visita. Esta se suele hacer saliendo desde Souse o Hammamet y no lleva demasiado tiempo por carretera.
En caso de no viajar en grupo, El Djem está bien comunicado por tren y carretera.

El camino por el desierto es realmente inolvidable, siempre y cuando no estemos con los ojos cerrados dada la forma de conducir de los tunecinos.

Porque cuando el viajero llega a El Djem, realmente le parece que ha llegado a la nada. Unas pocas casas, bastantes desvencijadas, sin demasiado atractivo y con las calles repletas de niños. Sin embargo, cuando comienza a seguir las calles hacia el centro, poco a poco, va apareciendo a la vista un edificio impresionante.
Hasta que, llegando a una plaza llena de restaurantes y algún que otro camellero a la caza de turistas, se puede contemplar el Coliseo, según dicen, el segundo más grande del mundo tras el romano.
Penetrar en este monumento es hacer un viaje en el tiempo hacia el Imperio Romano. Muy bien conservado, a pesar de las veces que fue atacado y de que los habitantes del pueblo utilizaron algunas de sus piedras para construir sus casas, recorrer sus galerías por donde salían los leones o sentarse en sus asientos pétreos nos retrotrae a la época en la que los gladiadores competían en su arena y en la que con un gesto, el Emperador decidía la vida o la muerte de los que luchaban.

Claro que solo despues de untarnos de pies a cabeza las cremas protectoras. Con nuestros largos y frios inviernos llevabamos tiempos extranando al solecito.El Djem nos acoge como es debido, o sea con musica.
La orquestra al parecer formada por aficionados del lugar toca bien, por lo menos el sonido fuerte se oye desde muy lejos. Es un grupo formado solamente por hombres. Asombrados por los sonidos originales de los instrumentos locales, esta vez silenciosos "Citroenes" (los claxones no lograban interrumpir la orquesta) en fila entran a la arena.Ahora nos encontramos en el mismo centro de la ciudad.

Desde ahi con ayuda de sencillos elevadores se llevaban a la arena los gladiadores "en marcha a la muerte".Las dimensiones de esta arena son impresionantes. ?Para que construir un teatro para 35 000 espectadores casi en medio del desierto? Resulto que "El Djem" en la epoca de los romanos era una gran ciudad, donde se cruzaban importantes caminos de las caravanas que viajaban por el desierto.
Asi que no faltaban agradecidos ciudadanos ansiosos del "pan y espectaculo" y deseosos de ver estas sangrientas batallas desde las tribunas.Para distribuir los espectadores por las tribunas evitando tumultos y confusiones los romanos crearon un sutil sistema.

Los controladores antiguos nunca le permitirian entrar en un sector equivocado. De esta manera se organizaba la entrada al anfiteatro sin tantos problemas.Puede ser que gracias a la meticulosidad y diligencia de los romanos, el anfiteatro se ha conservado asombrosamente bien. Con agilidad nos subimos rapidamente a las gradas superiores desde las cuales la ciudad se veia como en la palma de la mano.
Subir hasta aqui no es tan dificil, si uno no presta atencion a los carteles en rojo con la palabra "DANGER" (peligro), pero estos solo llaman a mirar con atencion a los lados, para no caerse en algunos de los pasos de escalera, o mejor dicho "hoyos de escalera".

En el dia de hoy las tribunas del anfiteatro estan muy bien restauradas y en el periodicamente se realizan conciertos y festivales.
La acustica creada por los antiguos romanos es tan perfecta que permite oir el sonido de una moneda caida en la escena aun en las gradas mas alejadas.... increíble... acercaros y lo comprobareis.
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